tradicional pueblo de artesanos y alfareros conocidos por la fabricación de los llamados “toritos de Pucará”, astados de cerámica que se colocan en los techos de las viviendas, con fines decorativos y, de paso, para evitar las malas vibraciones.
De raíces preincaicas, el nombre del poblado deviene de una palabra aimara que significa “fortaleza”. En los alrededores de la zona urbana se conservan viviendas, centros ceremoniales, vestigios de construcciones subterráneas y monolitos de la cultura pucará (400 a.C. - 300 años d.C.), sociedad que alcanzó altos conocimientos astronómicos, arquitectónicos y de ingeniería hidráulica. Ellos adoraban al puma, al cóndor y al sapo. En Pucará hay que prestarle atención al museo Lítico, que exhibe estelas y esculturas zoomorfas, diversidad de ceramios y otras piezas de valor arqueológico.
Igual de recomendable es Kalasaya, localizado a un kilómetro del poblado de Pucará. Este presenta dos sectores: un área ceremonial con nueve pirámides y una zona urbana. El complejo se remonta al año 200 a. C. y tiene una superficie de 500 hectáreas. Fue restaurado en 1986.
Pucará se encuentra a 70 kilómetros de Juliaca y a 106 kilómetros al norte de Puno.
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